Diseño, innovación y la región del Biobío.

Esta entrada fue posteada originalmente el 10 de Mayo en mi antiguo blog.

Comencé este blog con la idea de retomar el hábito de escribir con respecto a tópicos que, de una u otra forma, se relacionan con mi quehacer profesional: el diseño gráfico (o como me gusta llamarlo a mi, la comunicación visual). Es así como en las pocas entradas que este blog presenta, se muestra más como un repositorio de referentes visuales (que, si bien necesarios para nuestra profesión, no se desarrolla una temática más allá del solo hecho de mencionarlos y darlos a conocer) más que como un blog de opiniones y reflexiones. Es por eso que me gustaría profundizar en un tema que llama bastante mi atención y me parece importantísimo de abordar, sobretodo por el contexto local contemporáneo.

Hace unos días atrás llegó a la oficina el número del mes de Abril de la revista NOS, y en ella salía un reportaje acerca de la CCPC (Cámara de Comercio y Producción de Concepción), a propósito de toda esta batahola de comentarios del empresariado (tanto a favor como en contra) con respecto a la Reforma Tributaria. No obstante, no fueron estos comentarios y sus implicancias los que llamaron mi atención (aunque están muy íntimamente relacionados), si no los datos de crecimiento de la región del Biobío con respecto al promedio nacional.

Durante el 2013, el PIB de Chile creció en un 4.1%, sin embargo en el Biobío este crecimiento ni siquiera alcanzó el punto porcentual, siendo de un paupérrimo 0.8% (infografía adjunta del Diario Financiero). Sin duda que las razones de este resultado son variadas, no obstante esta situación presenta un interesante escenario para la labor del diseño, en tanto este se constituye como una importante herramienta para el desarrollo productivo en diferentes áreas, tanto desde la gestación misma de productos/servicios hasta la comercialización final de estos.

Dentro del medio, mucho se habla del “valor agregado” que el diseño, en mi caso el visual, otorga. Este es un concepto muy instaurado y que poco a poco a tomado realce, esto producido por la gran oferta que el mercado ofrece en cuanto a productos o servicios y la necesitad imperante de destacar y diferenciarse de la competencia. Si bien esta concepción del diseño como una herramienta “comercializadora” se valora, ya que pone al diseño como un factor importante a la hora de lograr o no el éxito del negocio, es bastante limitada. José Korn, un diseñador y académico nacional, habla del diseño como “valor integrado”, en contraposición a este concepto del diseño como “valor agregado”. Él plantea que la palabra “agregado” se interpreta como algo que se añade una vez ya todo el proceso de la creación del negocio ha finalizado, sin tener una mayor participación en este que la de dotar de una “personalidad visual” al producto (o servicio), es decir, el diseño como una herramienta de marketing. Nosotros mismos como diseñadores nos vemos enfrentados a briefs de empresas que desean hacer una etiqueta, un envase o un pendón; diseñar avisos para diarios o revistas; folletería para ferias, etc.; un cliente nos contrata con el único fin de comunicar visualmente los atributos de su negocio. Al contrario, Korn postula que el diseño debe aplicarse desde el desarrollo mismo del producto o servicio que se planea introducir al mercado a través del diseño como herramienta para detectar problemáticas, públicos objetivo y claro, esta última labor del diseño como herramienta de marketing, que en este enfoque se presenta como una pequeña parte dentro de todo el potencial que el diseño tiene dentro de una organización.

Es el diseño, entonces, una poderosa herramienta que no ha sido entendida en su propuesta de valor, pero no porque el sector empresarial no ha sabido usarla, si no que nosotros mismos como diseñadores no hemos sabido tomar la iniciativa de trabajar con los sectores productivos de la región. Aún más preocupante es que siendo Concepción y Chillán reconocidas ciudades universitarias generadoras de conocimiento y capital humano (como pocas en el país), no se traduzca en mejores índices de desarrollo productivo.

¿Qué sucede entonces con este capital humano? ¿Qué sucede con las oportunidades que este escenario nos presenta? Es imperativa la transferencia de conocimiento a través de i+D (investigación y desarrollo) a los sectores productivos de la Región del Biobío, sobre todo el sector pesquero, industrial y silvoagropecuario, que son los pilares sobre los cuales descansa el desarrollo económico de una región que históricamente ha liderado los niveles de desempleo a nivel nacional.
20140510-205626

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